Territorios de vínculos




por Geraldine Ramírez

Arquitecta y Artista plastica.

Colaboradora Nomad Project








A lo largo de nuestra historia como especie, primero, recorrimos el territorio en búsqueda de alimento y refugio. Se podría decir que “habitamos los andares” por supervivencia. Luego, cuando “superamos” esta búsqueda, nos asentamos. En los momentos cotidianos, el andar, se hizo más breve. Con el tiempo, movernos de un sitio a otro prestando atención a los detalles se hizo menos necesario. Empezamos a relacionar el habitar más a habitáculo que a hábito, más a recinto cerrado que a espacio vivencial, más a la cotidianidad íntima y permanente del individuo que a la cotidianidad diversa de lo colectivo. Privatizamos el habitar. Y con eso, le robamos la habitabilidad al espacio público. Mecanizamos el andar….

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Éste es un escenario general e impersonal de lo que sucede en este contexto globalizado. Una crítica gris, para un escenario gris. No obstante, a pesar de esta mecanización del andar, los recorridos siguen existiendo.


Llamo recorrido al lugar común, al camino, al espacio que normalmente está configurado para movernos de un lugar a otro. Recuerdo los “vacíos urbanos” nómadas de Boeri y Secchi[1], que están paradójicamente llenos de dinámicas socioculturales y de biodiversidad. Los andares son espacios de flujos perceptibles en el espacio público. En los recorridos tenemos la posibilidad (y la responsabilidad) de posicionarnos, de implicarnos honestamente con nuestra realidad[2].



Privatizamos el habitar, pero, como ya lo decían los situacionistas en los años 50, “habitar es estar en casa en todas partes”[3]. Y esa es la idea que quiero rescatar. Habitar, es una experiencia que crea relaciones y que, en el momento en que es compartida (consciente o inconscientemente) en el espacio común, genera vínculos no sólo con el territorio geográfico, sino con la comunidad.

Llevar lo íntimo y lo vulnerable al espacio público como experiencia colectiva, es revolucionario, ya que rompe con la “seguridad” de la privatización del espacio y permite que el espacio público sea seguro y habitable, en tanto compartido. Por tanto, habitar recorridos, implica exponerse.



El tipo de vínculo que construimos está dado por como nos posicionamos en el territorio, como nos situamos (geográfica, social, política y culturalmente, etc.) en él. Éste posicionamiento, a su vez, está determinado por nuestras experiencias, nuestro contexto, nuestra historia; pero también por la conciencia, de que la posición del otro, está también determinada por sus experiencias, su contexto, su cultura y su historia. En otras palabras, está determinado por cómo nos conocemos y reconocemos a nosotros mismos y a los demás. Habitar el espacio común teniendo conciencia del significado de ambas acciones (conocer y reconocer), desde un ir y venir entre el yo y el otro, considero que tiene el potencial de transformar y construir vínculos más incluyentes entre las personas que habitamos el territorio.



Habitar un recorrido puede sonar a contradicción, sí, pero es más bien metáfora, juego de palabras, un acto político que plantea sacar “lo habitual del habitar” al espacio común. Es una oportunidad de compartir nuestra posición, nuestra cotidianidad; de escuchar e interpretar lo cotidiano del otro a través de la vivencia propia. Habitar lo común tiene el potencial de crear conciencia, deconstruir saberes, y construir memoria colectiva.


Yo propongo que habitemos recorridos a través de experiencias sensoriales y performáticas donde trabajemos en simultáneo el relato propio y la voz colectiva. Invito a que narremos esas experiencias artísticas a través del arte mismo. Llenémonos de pleonasmos y poesía al habitar, y transformemos, reconciliemos y creemos vínculos en el proceso.




Geraldine Ramírez

Barcelona, Mayo de 2019




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[1] Boeri, Stefano; Sechhi, Bernardo y Piperno, Livia, Il territorio abbandonati, Compositori, Bolonia, 1990.


[2] Garcés, Marina; Un mundo común, edicions bellaterra, 2012


[3] Careri, Stefano. Walkscapes: el andar como práctica estética. Gustavo Gili, 2013.

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