No somos tan únicos como nos han hecho creer...



Por Tatiana Ramirez

Comunicadora publicitaria

Comunicación audiovisual Nomad Project








En los últimos días tuve la oportunidad de leer un texto de un autor afro, y sí, es necesario hacer esta aclaración y además resaltar y casi que alabar esta experiencia, porque difícilmente en las aulas, instituciones o al menos en nuestra ciudad, encontramos textos diversos, variado y multiculturales, para ser más específicos, escritos por manos de hombres y mujeres negros y negras; y no tanto por su color de piel sino por su historia, la que sinceramente no conocemos, dejémonos de mentiras que la historia de los afrodescendientes no se resume con la esclavitud, ni siquiera inicia ahí, como lo diría Chimamanda, el peligro de una sola historia es realmente una de las causas de los tan eternos y perdurables conflictos de este mundo, pero bueno, no me quiero desviar.



"No somos tan únicos como nos han hecho creer" basado en el pensamiento de Stuart Hall; un hombre jamaicano, nacido en los años 30, hombre de tez negra, pensamientos lúcidos y palabras contundentes y un poco modernas para su época. Hombre que supo hablar de manera un poco más amplia, mirando cada aspecto que compone nuestra sociedad y nuestra cultura.


Somos seres sociales, eso está claro, pero dejémonos de cuentos al decir y proclamarnos únicos, originales y auténticos ¿de verdad? Si somos una suma de experiencias, aprendizajes y errores vividos de otros seres; nuestras ideas y mentalidades ya están inducidas, predeterminadas e influenciadas, pero gracias a nuestra maravillosa y catastrófica globalización reconocemos una evidente y necesaria crisis identitaria, esa crisis que nos convierte en ciudadanos del mundo, donde los colores, las formas de vestir, la comida que nos hace alucinar por sus sabores y texturas, son simple y sencillamente un recuento de tantos años de creación, camino, identificación y definición de lo que para nosotros y los nuestros fue, es y será la cultura.



Somos seres modernos, somos seres ambivalentes, incoherentes y tan sensibles y receptivos a los cambios, qué gracias a la saturada información y las tantas voces líderes, creamos en nuestro entorno unos cuantos híbridos para darle un poco de respuesta a las dudas que tanto nos aquejan.


Somos sociales, no nos desviemos, somos inconformes, eso todos lo sabemos, somos seres reflexivos y llenos de dudas cada vez más grandes, preguntas que no se resuelven, que nadie resolverá, sólo quien le interesa responder lo hará.

Esa globalización, la que tantos odian y otros tantos veneran, la globalización que nos quitó la pureza y las raíces, la verdad y la sangre, la globalización que nos lleva poco a poco a la ruina, poco a poco a la gloria.

Bendita sea y cuestionada sea, por favor, porque de la cultura nos enriquecemos todos y de la identidad somos esclavos, seguidores e hijos.



Si la comunidad mundial se fragmenta y colapsa por el sin fin de significados que ahora existen y antes no tenían cabida, examinemos la manera en la que podemos hacer de la multiculturalidad y la tan mencionada globalización, las mejores herramientas para lo que nos aqueja a todos y por lo que todos luchamos, la vida y el respeto por esta misma.


Dejemos de hablar de los problemas, llevamos más de 20 siglos haciéndolo y no veo que hayan acabado por completo, hablemos de las soluciones, de la realidades, pero también regalemos a nosotros mismos el lujo y el privilegio de soñar, es que es un derecho, soñemos, pero despiertos por favor, por nosotros y para nosotros, para los que vienen, para los que nos proceden.

Al fin y al cabo no somos mucho y somos todo y tratar de aclarar esto nos llevará otros tantos años más.

Actuemos y dejemos de quejar.





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