No dejes que tu obsesión con la productividad mate tu creatividad





Por Natalia Toro García

Directora Creativa Nomad Project














¿A cuántos nos ha pasado que cuando tenemos tiempo libre y decidimos no hacer nada nos remuerde la conciencia?


Vamos a empezar con un pequeño ejercicio, si te pido que escribas en un hoja la descripción de un día “productivo” y en otra, la de un día creativo seguramente van a ser diferentes. Pero, ¿qué pasaría si imaginamos que esos dos escenarios tuvieran el mismo aspecto? Desafortunadamente, nos han hecho creer que son dos mundos dicotómicos que nada tienen que ver el uno con el otro.


Mientras el mundo laboral sigue obsesionado con la productividad, empezamos a leer sobre las nuevas habilidades que serán necesarias para afrontar los retos del futuro, incierto e imprevisible, aún reconociendo que la tecnología entrará cada vez más en nuestra vida. Es allí donde empezamos a intuir que la capacidad creativa será una de nuestras contribuciones más valiosas en procedimientos donde la inteligencia artificial, por motivos obvios no pueda aplicar. Para leer, interpretar y reaccionar ante los datos necesitas creatividad.


Entonces, ¿Cómo podemos reconciliar esos dos mundos que nos han pintado como opuestos, para hacer que nuestras jornadas de trabajo también puedan aportar a nuestro proceso creativo?


En un artículo del Harvard Business Review encontramos un ejemplo que nos llamó la atención. Nos habla de Aaron Sorkin, guionista de películas como Moneyball y The Social Network, quien explica a The Hollywood Reporter que “cuando su escritura no va bien, se ducha, cambia de ropa y comienza de nuevo. Se le ocurrió que sus mejores pensamientos no estaban sucediendo en momentos de concentración febril, sino cuando estaba en la ducha. Así que instaló una ducha en la esquina de su oficina y la usa regularmente. Él ha descrito el proceso como "una repetición" para desencadenar ideas originales”. Pensar en tantas duchas al día es casi impensable, teniendo en cuenta la situación de nuestro planeta hoy en día, pero lo que vale la pena subrayar en esta reflexión es el hecho de cambiar de actividad, de aflojar la mente para permitirle fluir.


Si entendemos que nuestro cerebro no está lleno de compartimentos, si no que funciona como un todo, conectado con nuestro cuerpo, nos daríamos cuenta que cuando nos enfocamos demasiado en un tema no permitimos que nuestra mente fluya y recorra territorios diferentes de nuestro cerebro, lo cual nos permitiría generar conexiones y llegar a soluciones de forma más fluida.


En el mismo artículo, nos hablan de James Webb Young, un ejecutivo de publicidad de Madison Avenue, quien escribió una guía definitiva para el proceso de creatividad: Una técnica para producir ideas. En este libro, Webb Young nos dice, "que una idea no es más ni menos que una nueva combinación de elementos antiguos". Y así, se refiere a las conexiones de las cuales que nuestro cerebro es capaz de hacer, a la importancia de esa capacidad de ver nuevas relaciones entre lo que estaba en nuestra mente y alguna información que parecía no tener ninguna relación.


Las personas altamente creativas no van a saber responder cómo hicieron algo, ya que no lo hicieron, lo vieron, lo presintieron, y fueron capaces de conectar algo de afuera con una experiencia, un recuerdo o una información previa que tenían en su cabeza.


Por eso es importante, que nuestra rutina de trabajo esté llena de detonantes que nos permitan explorar caminos creativos, como parte de un entrenamiento continúo para ser fluidos y flexibles. Por eso en el libro referido anteriormente, Webb Young nos da una técnica para entrenar la creatividad:


Primero, reúne la materia prima que te servirá de estímulo. Reúne provocaciones e iniciadores de pensamientos relacionados con tu área de interés. Advierte que esto es a menudo sistemático, laborioso y poco gratificante.” A mí, en esta etapa me gusta revisar las pestañas del buscador que he dejado abiertas, obligándome a llegar a leer lo que me ha llamado la atención y divagando en las reflexiones de otros.


A continuación, digiere mentalmente la materia prima. Webb Young propone completar pequeñas fichas con notas, como lo haría si estuviera preparándose para una final de secundaria, y tratar de establecer conexiones entre los elementos, como si estuviera tratando de resolver un rompecabezas. Nuevamente, Webb Young sugiere que este proceso puede frustrar tu mente. Luego sugiere barajar entre las tarjetas físicas en busca de conexiones.


La etapa final de su metodología es el mayor anatema para el mundo obsesionado con la productividad en el que vivimos. Es simplemente no hacer nada.


Y aquí, es cuando nos toca trabajar nuestros propios paradigmas, ¿para que hacer algo si no sirve para nada? Este tipo de actividades, que pueden resultar frustrante, nos ayudan a sacar un problema de la cabeza, permitiendo que nuestro cerebro divague, y experimente nuevos territorios, estimule la imaginación y las emociones. Después de hacer este tipo de esfuerzos, puede que esa idea que tanto buscábamos aparezca.

Esto se conecta de nuevo con lo que les hemos contado de las pausas activas, momentos sin ninguna función productiva en específico, que a largo plazo genera que tu cerebro funcione de una forma más fluida y flexible.


La preocupación constante por mejorar nuestra propia productividad es una respuesta coherente con el mundo en el que vivimos. Pero esa carrera excesiva nos puede llevar por un camino donde el pensamiento creativo no tiene cabida. Así que es momento de reconocer que la productividad en la búsqueda del enfoque, y la creatividad, que busca desenfocar, existen en oposición.



Por lo tanto, es un ejercicio propio, casi que una disciplina que nos debemos imponer, para darnos momentos de pensamiento creativo, sin necesidad de que estemos inmerso en un problema.


Así que aquí les dejamos una invitación, pregúntate si tienes momentos para pensar, aléjate de tu escritorio, date un momento para no hacer nada y deja que tu cerebro divague por territorios olvidados que existen en ti mismx.



Referencia: Don’t Let Your Obsession with Productivity Kill Your Creativity by Bruce Daisley, Marzo 10, 2020, Harvard Business Review.




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