Complejidad, territorialidad y nuevos imaginarios.


Por Natalia Toro Garcia

Arquitecta, arteducadora y directora creativa de Nomad Project












Este semestre he tenido la oportunidad de hacer parte del conversatorio La ciudad frágil con el grupo de investigación de La Virreina LAB Topografies de la discrepància urbana dirigido por la Arquitecta María García. En dicho seminario se han tocado temas referentes a la fragilidad de la ciudad y a la resistencia de sus organismo vivos, citando diferentes pensadores, artistas y grupos ciudadanos para ilustrar los propósitos del seminario.


Entre todos estos, me ha llamado la atención el trabajo de Miguel Benasayag, expulsado de Argentina a Francia en el 1978 por hacer parte de la guerrilla, quien realizo estudios de psicoanálisis y filosofía. En este texto se estudiarán tres de los conceptos desarrollados por Benasayag que se extrapolarán a las problemáticas urbanas que me interesa investigar en mi práctica artística: la complejidad/conflicto, territorialidad y los nuevos imaginarios.

Durante mi maestría de arquitectura realicé una investigación sobre cómo trabajar el espacio público puede ayudar a desarrollar una zona vulnerable, tomando como caso de estudio la ciudad de Medellin en Colombia, donde se hizo un proyecto de recuperación de los barrios populares a través de equipamientos culturales.

Para dicha investigación, los autores que marcaron el marco conceptual fueron Hannah Arendt, Jordi Borja, Marc Augé y Francoise Choay, entre otros. Aún así la imagen del actuar en el espacio publico era muy homogénea e ingenua y no daba mucho espacio para tratar el conflicto, que en aquella época no me interesaba pues apenas empezaba mi camino de investigación y quería hablar de casos vencedores. Hoy en día entendiendo la importancia del conflicto, me interesan las idea que desarrolla Benasayag en su libro El elogio del conflicto.

En una de las charlas dictadas en el seminario citado anteriormente en La Virreina, él enuncia que en un conjunto hay conflictos, y que el problema con los gobiernos contemporáneos es que tratan de aplastar la conflictualidad múltiple. Donde, en la polarización de las situaciones, se emplea un pensamiento simplista en el cuál tener un enemigo es tranquilizante. Él utiliza el ejemplo de los ataque ‘terroristas’ en Paris, con los cuales el gobierno pudo identificar un enemigo y señalar un culpable, con esto, concluye, el conflicto tranquiliza y asusta. De ahí, que la necesidad de una democracia seria la de mantener el conflicto sin llegar al afrontamiento y evitando la polaridad.

Benasayag explica que hay dos cosas fundamentales que entender con respecto a la complejidad:
Que éste aparece como una realidad histórica en el siglo 20, con el cual todo, la historia, la biología y demás iba a ser comprendido a través de leyes simples, la humanidad creyó que podría destejer la realidad y comprenderlo todo, pero la frustración llega cuando se dan cuenta que el real tiene ángulos muertos, cosas inexplicables.
Lo segundo que es los enunciados y las prácticas están llenas de contradicciones, por lo tanto no van a traer una solución, siempre van a estar en conflicto porque un sistema complejo no puede verse en su totalidad. Y entonces llega a la problemática de cómo actuar en una complejidad que no puede conocer el todo.

Estos problemas de complejidad y conflictualidad se pueden extrapolar a las problemáticas urbanas, el marco físico de dicha realidad compleja. Si tomamos el ejemplo de las banlieue parisinas, nos damos cuenta que en lugares super diseñados, donde cada espacio está pensado para un uso específico, aparecen conflictos, “síntomas de lo vivo que se resiste a la superplanificación”. En mi ciudad natal Cali, hoy en día están repitiendo los mismos errores y la consecuencia es la misma, la resistencia a una nueva forma planificada por el otro, la que es buena, la que se debería tener según el sistema simplificador en el cual vivimos, todo esto amplificado por una realidad social diferente a la parisina.

Este mundo de la racionalidad lleva a Benasayag a introducirnos en el problema de la desterritorialización el cuál, según él, se debe al proyecto post-orgánico que ha emergido hace alrededor de 30, en el cuál la dominación ya no es territorial si no que se trata de cambiar los cuerpos por otra cosa para seguir las leyes de la macroeconomía, desmaterializando el mundo.

A través de una citación de Proust “Nous sentons dans un monde, nous pensons, nous nomons dans un autre, nous pouvons entre les deux établir une concordance mais non un intervale”, define dos mundos: el biológico, en el cuál somos animales y órganos, campo de los ritmos biológicos y el segundo que es el de la lengua, la técnica, el urbanismo y que depende de lo biológico y donde se generan los ritos, cosas que funcionan como organismos pero no son autónomos, son dependientes de lo vivo. Por lo tanto, estos dos mundos son consonantes y el proyecto del que habla el autor es el de eliminar ese campo biológico y que todo sea racional, sin embargo, dice, los hechos no penetran jamás el mundo donde viven nuestras creencias, así que la racionalidad pura es vivida como una violencia que ataca la vida, el ideal es la desterritorialización, en ese mundo llega la revolución digital, que hace realidad el proyecto nombrado anteriormente.

Lo anterior ha sido estudiado por Benasayag desde su práctica desde sus acciones en laboratorios urbanos en Italia, Francia y Argentina. En los cuáles los cuerpos vivos que habitan ciudades post-modernas que son modelos muertos (es decir modelos que ya no siguen creciendo pues han sido mega dibujados), que han buscado la racionalización, la desterritorializacion, se resisten ya que la territorializacion está siempre en devenir.


En esta problemática, me siento identificada como arquitecta y artista, ya que mi gran frustración durante mis estudios y mi corta carrera de arquitecta fue la de no ser escuchada por tener en cuenta a los órganos biológicos que ocupan la ciudad y por lo tanto tener la firme creencia de que como arquitectos no somos quien para decirle a las personas como vivir si no para guiar procesos que son mucho más largos que los de la vida de una persona.

Esto se debe a que las escalas del tiempo en el desarrollo urbano son muy diferentes, la escala del hombre es muy corta con respecto a la infraestructura de la ciudad y a la del mundo vegetal que en ella pueda existir.


En la era digital nos acercamos entonces al proyecto post- humano, en el que desde la ciencia el modelo ya no es una referencia si no la cosa.

Esto se refiere a la diferencia que hay entre el sistema analógico y el digital, en el primero hay una representación de la luz que se imprime sobre un material fotosensible, la materia siempre circula, sin embargo en lo digital se toman puntos de intervalos para redibujar el objeto al cual él llama puntos discretos, con esto, desde la ciencia ya no se estudia el objeto si no la información de estos dichos puntos discretos. Con esta explicación Benasayag nos quiere mostrar que en el laboratorio científico ya no se discuten hechos, con los proyectos post orgánicos que ya no trabajan en términos de regulación del cuerpo si no de su evolución.

Lo anterior me ha interpelado ya que en mi práctica artística cada vez estoy más segura de que el cuerpo como presencia que ocupa el espacio urbano es fundamental para mostrar que la forma en que se analiza y se construye el espacio urbano es un modelo a poner en cuestión.

Actualmente los artífices de la ciudad son influidos en sus diseños por cuestiones técnicas y presupuestos, haciendo de la ciudad un espacio hostil para el ciudadano. Con lo cuál el cuerpo, como materia y contenedor de nuestros sentidos, memorias y emociones debe ser el que resista estos cambios físicos de nuestro entorno, que el cuerpo colonice las obras de la técnica.

Finalmente, volviendo a la complejidad de la época en la que vivimos, en la cual lo racional debe cohabitar con lo irracional, como podemos tratar de entender el mundo sin reducir la realidad?


Citándonos a Kant, Benasayag ve en el arte una vía de comprensión, en la cual lo estético, que es algo inmediato, como el actor que puede crear nuevos imaginarios. Que nos permita ver nuevas formas de comprensión. Además, nos recuerda que los cambios de paradigma tanto en medicina, en política o en urbanismo han venido desde investigaciones externas, desde el campo artístico que abre nuevas perspectivas de comprensión.




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