Alejandra Borrell una joven sitgetana que construyó una escuela en Camboya.


Camboya Sonríe es el proyecto educativo que nace del esfuerzo y el apoyo de muchos donantes, familiares, amigos y empresas de diferentes partes de Cataluña y especialmente de Sitges, pero el punto de partida de esta enorme aventura, lo hace Alejandra Borrell, una joven Sitgetana que con sus 26 años, se trasforma sin dudas en un ejemplo a seguir. Siempre sonriente, y muy tranquila, nuestra amiga Alejandra nos cuenta el inicio de este proyecto, que aspira en el futuro cercano, a dar cobertura a mas de 300 niños provenientes de Aldeas, de familias de bajos o inexistentes recursos económicos.


foto: Camboya Sonrie

Alejandra nos cuenta como nace Camboya Sonríe.

Cuando acabé la universidad (estudió periodismo) no sabía muy bien que hacer, después de trabajar unos meses en una revista decidí coger la mochila he irme, porque no había ni futuro laboral ni futuro personal, nada me ataba así que decidí irme. Me fui a Tailandia con billete de ida, y como no tenía mucho presupuesto hice work away, que es una plataforma web, para intercambio de trabajo por alojamiento y comida. Lo hice en varios sitios, recorriendo Asia, y mi último destino fue Camboya.

En el hotel donde estaba trabajando, el único que hablaba inglés, es mi actual socio Bear Chamnan, enseguida nos hicimos amigos. Él aparte de trabajar en hotel era profesor y estaba muy relacionado con temas de voluntariado con monjes y con niños. Entonces, le rogué que me llevara al colegio, algo complicado, por el hecho de ser blanca extranjera, ir a un colegio público era algo difícil, pero lo logré, y al final me llevo un día, y bueno a partir de ahí fui todos los días. Ahí te das cuenta lo mucho que los niños respetan al profesor, cosa que aquí nunca hacemos, y te das cuenta lo mucho que valoran el poder ir al colegio, tu entras a la clase, y los niños se levantan, le dicen al profesor buen día, qué tal? como está? y el profesor dice sentaros y todos se sientan, se respeta mucho al profesor.


foto: Camboya Sonrie

Entonces un fin de semana él me dijo, "tengo que llevar leche en polvo a unos niños huérfanos, a una zona a una hora en moto" algo así, muy lejos del colegio y de la ciudad, y le dije vale, y nos fuimos. Era una familia en una situación muy dura, porque la mamá se había muerto al nacer el bebé, y los tíos se hacían cargo de los niños. Uno de los hermanos caminaba como 15 kilómetros cada día para ir al colegio, ahí estamos a veces a 45 grados y hay otros días que diluvia. Estuvimos ahí con la familia, y fue muy duro y muy impactante a la vez…

Entre los amigos de Chamnan estaban juntando dinero para comprarle una bicicleta a este niño, y yo le dije mira, cuánto vale, bueno si la compramos de segunda, en buen estado, unos 40 dólares, así que le dije ya me encargo yo de la bicicleta, no hay problema, entonces nos fuimos el niño, Chamnan y yo en la misma moto a comprar la bicicleta al mercado, me dijo siéntate aquí con el niño que voy a negociar el precio porque si te ven a ti nos harán pagar más. Nos sentamos en un bar con el niño, yo no sabía nada del idioma y el niño nada de inglés, estuvimos como media hora ahí, el niño no me miraba …y todos nos prestaban atención porque dirían que hace esta chica con este niño…. Al final Chanman negoció la bicicleta y la compramos, fuimos los tres a buscarla, la expresión que tenía el niño en ese momento, los ojos les brillaban, nunca había tenido una bicicleta ese niño y fue muy motivador.


foto: Camboya Sonrie

Luego ya nos sentamos los tres a comer, le compramos una coca-cola, que ya fue algo increíble para él: la bici, la coca-cola, que para nosotros es normal, no le damos mucha importancia, pero allí me di cuenta que yo nunca había valorado lo que he tenido. Si que mis padres hicieron un esfuerzo grande para que yo pudiera continuar estudiando. se esforzaron en pagarme la universidad, pero no lo valoraba suficientemente, porque es lo más normal del mundo en España. Entonces me di cuenta que ese niño realmente quería ir al colegio, ese niño caminaba 15 kilómetros diario para ir al colegio, ahí te das cuenta lo que tu nunca has valorado y esos ellos si lo valoran.

Un día le expliqué a mi padre lo que había sucedido, y él me dijo, te haré una transferencia para que compres 5 bicicletas, y al cabo de un rato me llama y me dice que un amigo suyo tambien enviariá para 5 más, de un momento a otro teníamos dinero para 10 bicicletas, me fue rápidamente a hablar con Chamnan, y lo que hicimos fue recorrer toda la aldea, decidiendo a quién le dábamos las bicicletas, en función de los padres que trabajaban y los que no. Allí fue cuando empecé a conocer a las familias, empecé a conocer a la gente, realmente conoces la situación en la que se encuentran y todos los problemas que tienen. Bueno un domingo entregamos las bicicletas que al final fueron 11, y les pusimos una pegatina con el nombre de mi padre y su jefe, porque ellos consideran que si alguien te ha ayudado, luego con el tiempo ellos harán lo mismo con los demás, para ellos es algo importante saber que hay una persona detrás que te ha ayudado. Ese día los niños iban súper arreglados como si fueran un celebración, y se fueron en bici, ese día fue muy especial, muy bonito y personalmente entiendo lo importante que es valorar lo que tú tienes.


foto: Camboya Sonrie

Regresé a España, y continué enviando dinero, colaborando en diferentes actividades, ayudando en la compra de arroz para algunas familias, más bicicletas, etc. Claro yo tenía mi una nómina pero te das cuenta que no da para tanto, y entonces con unos amigos y mi familia, decidimos colaborar a reconstruir una pequeña casa que se había destrozado, bueno son unas pequeñas cosas que nos hicieron seguir, y sentimos que teníamos que hacer algo más. Y la mejor manera era decidir construir el colegio, entonces comencé con los trámites legales. Durante 6 meses ahorré todo lo que pude, hasta lograr terminar con los papeles que se requerían. Y así nació Camboya Sonríe, yo me fui allí, puse parte de mis ahorros Chamnan puso su terreno, y construimos la biblioteca y un baño, el enseñaba al aire libre, y seis meses después se construyó la clase, en la cuál estudiaban 100 niños. Luego en septiembre del año pasado contratamos un nuevo profesor, y ampliamos a 220 niños. Todos niños de cinco Aldeas que están en medio de campos de arroz con casas muy precarias y aisladas.


foto: Camboya Sonrie

Ademas de la atención a los niños en la escuela, realizáis alguna otra actividad en las Aldeas cercanas?

Aparte del colegio, vamos a visitar a las familias y hacemos un seguimiento de todos los alumnos y sus familiares, con sus problemáticas, si el niño falta a clase, vamos a ver qué es lo que sucede, porque si faltan más de una semana, luego ya es muy difícil que vuelvan, así que controlamos bastante lo de las asistencias a clase.

Luego también hacemos jornadas de motivación para los niños, porque en el fondo son ellos los que deciden venir, y también tenemos un contacto con los directores de los colegios públicos, donde miramos las listas de los niños, las familias, nos coordinamos un poco entre todos para que los niños no dejen de ir al colegio, porque muchos dejan de ir, otros directamente no van, y hay que conseguir revertir esta situación.

Ahora mismo estamos trabajando para construir una clase nueva, que será mas grande que la existente y para ampliar la cobertura a 300 niños y contratar otro profesor.

Como se puede colaborar con Camboya Sonríe?

Hay varias formas de poder colaborar con Camboya Sonríe: Compartiendo el proyecto, para darlo a conocer y también económicamente, directamente en la pagina web, podemos colaborar siendo socios en esta iniciativa solidaria.

www..camboyasonrie.com


Desde Nomad Project felicitamos a Alejandra Borrell por el magnífico trabajo realizado y la animamos a seguir en este camino solidario. Por nuestra parte nos vemos en el mes de octubre cuando estemos llegando a Camboya, donde colaboraremos con esta Ong realizando nuestros talleres artísticos con los niños.


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